Hace un tres de años era habitual que los bancos vinieran a verte para ofrecer un crédito que no habías pedido, ahora es más probable que aparezcan a vender bonos para una futura ampliación de capital. Hoy se puede decir sin miedo a exagerar que la banca española ha concedido préstamos a clientes sin garantías suficientes, sin capacidad de reembolso, con tasaciones infladas y por importes excesivos, a más largo plazo del razonable y con un tipo de interés muy bajo, forzados por la competencia y liquidez, a veces por debajo de la inflación, el tipo de interés debería estar compuesto por inflación, riesgo y retribución del capital.
Los bancos han financiado estos créditos concedidos a muy largo plazo, a su vez, con créditos a medio plazo, obtenidos en su mayoría fuera de España, que tendrán que ser renovados mayoritariamente a lo largo de los próximos tres años. Son muchos los errores cometidos por los bancos y las cajas que ahora van a pagar. En el caso de los créditos concedidos a los promotores el asunto es incluso más delicado y preocupante ya que se ha concedido créditos sobre tasaciones de suelo que ahora no se sostienen, debido a la caída de ventas y precios y a que las promotoras han paralizado la ejecución de sus proyectos y no podrán reembolsar los 300.000 millones de euros en créditos recibidos.
Se dijo que la crisis de la subprime no llegaría a España, se dijo que España es el país con el “sistema financiero más sólido del mundo” en plena turbulencia financiera internacional, tras observar las quiebras y rescates públicos de entidades que se sucedían en las principales potencias del mundo, una declaración que, apenas unos meses después, choca frontalmente con el duro diagnóstico que la patronal de las cajas de ahorros (CECA), cuyo presidente reclama abiertamente la inyección de capital público para salvar entidades con grandes dificultades y de dudosa continuidad que se terminarán convirtiendo en bancos como ya han anunciado Caja Madrid y La Caixa, aunque es sabido que el gobierno español prefiere un plan de rescate sinuoso, cuando lo lógico es participar en el capital social de las entidades financieras, sin perder de vista que se podrían volver a privatizar en el futuro sin que el contribuyente español asuma estas descomunales pérdidas, evidentemente esto no es lo que más les agrada a los directivos y accionistas. El sistema financiero es muy técnico y complejo, requiere una alta dosis de confianza que hasta ahora nos daban los organismos reguladores que supervisaban a las entidades de depósito, pero no todo el sistema, gran parte, como los bancos de inversión que casi han desaparecido, estaban fuera de estos mecanismos de supervisión.
Un principio básico que nos comentan constantemente los bancos, es que debemos casar bien la vida útil del bien, es decir el período de generación de fondos, con el plazo de rembolso del instrumento que lo financia, pues bien, ellos no lo han hecho así y los vencimientos a los que la banca española tiene que hacer frente, están pactados a muy corto plazo en relación con los ingresos que generan a su vez los créditos hipotecarios concedidos por ellos.
Salvo en determinados sectores como el inmobiliario, la banca ha considerado tradicionalmente que una empresa, con un 30% de recursos propios o menos está muy endeudada, según la central de balances del Banco de España, la Pyme española tiene un 40% de recursos propios y muy pocos saben que las entidades financieras tan sólo tienen entre el 4% y el 6% de recursos propios sobre el activo total, el negocio bancario está basado en el apalancamiento, es decir en el uso del dinero del ahorro y depósitos de los clientes a costes inferiores a la rentabilidad obtenida por los bancos con esos fondos.
El nuevo acuerdo de capitales de Basilea III obliga a que las entidades financieras mantengan un 8% de recursos propios sobre la cartera de créditos a clientes, por lo que si se llegase a una morosidad del 9%, como ya se anuncia, los bancos en general quebrarían, adicionalmente debemos pensar en el cambio que supondría en el Balance de Situación de los bancos que ajustemos el valor de los activos inmobiliarios y financieros. Las garantía otorgadas a los bancos no valen lo que se dijo y las sociedades de tasación han bajado drásticamente la valoración de los inmuebles.
Son muchos los responsables de la situación del sistema financiero hoy, los directivos de entidades como Moody’s, Lehman Brothers, AIG, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Standard & Poors, las especialmente opacas Fannie Mae y Freddie Mac, Alan Greenspan, Bill Clinton, George Bush y una larguísimo etc. nos han llevado a una situación en la que ninguna entidad financiera se fía de lo que tiene en su balance otra, los tipos interbancarios se sitúan muy por encima de los tipos de intervención. Los bancos centrales están inyectando liquidez para cubrir esta necesidad, pero no pueden actuar sobre las entidades que se encuentran fuera del sistema interbancario. Se ha disparado la aversión al riesgo en el sistema financiero, la desconfianza, los diferenciales activo-pasivo y el coste de las coberturas de insolvencias.
Para recuperar la confianza es necesario:
• Asumir y aflorar las pérdidas.
• Sanear los balances provisionando la morosidad esperada, como prescribe Basilea.
• Inyectar liquidez y recuperar el mercado interbancario.
• Corregir la valoración inmobiliaria.
• Inyectar capital y regular el incremento del nivel de recursos propios de la banca.
• Modificar las hipótesis y el modelo sobre el que se basa la percepción de la calidad crediticia y el rigor de las sociedades de rating.
Las subprime afectan a muchas entidades que tienen en su cartera títulos respaldados por subprime y las que no, se ven afectadas por la falta de liquidez, en España las subprime suponen tan sólo el 3% mientras que en EEUU el 15%, en España se tituliza el 13% de los préstamos hipotecarios, mientras que en EEUU el 70%; la supervisión bancaria española sobre las entidades de depósito es más estricta y por ello ha limitado la dimensión del mercado subprime español, aunque se pueda dudar de las valoraciones realizadas por las sociedades de tasación. El riesgo del sistema financiero español está centrado en el nivel de endeudamiento en general y al desempleo que se está generando y en particular en el crédito concedido a la promoción inmobiliaria residencial, en especial a la financiación del suelo, los precios de la vivienda seguirán cayendo y la venta, a pesar de todo, se mantendrá muy baja hasta que el precio toque suelo, ahora el cliente verá no sólo la cuota mensual que va a pagar, sino el valor real de lo que compra, lo que obliga a las promotoras a gestionar sus costes de manera eficiente y gestionar con imaginación y creatividad, de hecho muchas promotoras están abordando nuevos mercados al reconvertir edificios de viviendas en oficinas, hoteles, residencias , la multipropiedad, o el alquiler.
Las economías más apalancadas; Japón, EEUU, El Reino Unido y España son las que se verán más afectadas y afrontarán mayores dificultades en la renovación de sus créditos, adicionalmente el rescate de la banca les ocasionará un enorme déficit. La primera consecuencia inmediata que genera la falta de liquidez, es la ralentización de la economía.
Las empresas deben considerar que vamos a pasar una larga temporada con los bancos en dificultades y sin liquidez, intentando gestionar los inmuebles que se les acumulan, por lo que deben mejorar la gestión de sus finanzas, limitar los dividendos y las inversiones, ajustar sus costes fijos al nivel de actividad para evitar pérdidas para esperar que pase el temporal.
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