lunes, 21 de marzo de 2011

Capitalizar la empresa

En un escenario económico como el que vivimos ahora en España es muy aconsejable ser prudentes y tener en cuenta que la falta de confianza y liquidez del sistema nos afecta a todos.

Incluso cuando económicamente la empresa funciona, puede no estar muy bien desde el punto de vista financiero y en cada momento puede tener una interpretación distinta. Normalmente, cuando las cosas no funcionan económicamente, es decir los resultados no son positivos, estos terminan por deteriorarla situación financiera. Lo ideal es un resultado económico positivo y una situación financiera holgada y equilibrada, por lo que deberíamos plantearnos con especial cuidado los dividendos y las inversiones, capitalizar la empresa y para reducir los riesgos y garantizar su continuidad son necesarios ambos aspectos, el económico y el financiero.

El muy útil y poco frecuente, gestionar el balance de situación como gestionamos la cuenta de resultados y esto es gestionar las finanzas de la compañía, deberíamos cuestionarnos la composición del saldo de cada partida del balance y su idoneidad para lo que es conveniente dibujar un balance objetivo y trabajar por él.

Las decisiones más importantes que los gestores de una empresa deben tomar, están normalmente asociadas a la inversión y su financiación. Es evidente que las consideraciones estratégicas en las inversiones son determinantes, pero las consecuencias financieras también los son y de estas decisiones depende el futuro de la empresa, su éxito o fracaso, puede verse al final un expediente concursal o el crecimiento de la empresa, por lo que se deben estudiar técnicamente desde el punto de vista económico y financiero con rigor y con una metodología que permita conocer la rentabilidad y la calendarización de la generación de fondos de la inversión, para decidir su financiación, de modo que genere valor en la empresa, mejore su rentabilidad y mantenga el equilibrio en su estructura financiera sin crear peligrosas tensiones de tesorería.

La relación entre recursos propios y ajenos debe mantener el equilibrio financiero de la empresa después de la inversión, y la generación de fondos debe ser suficiente para reembolsar los créditos que en su plazo deben estar relacionados con la vida útil de los activos que financian, de este modo los activos generarán fondos durante su vida útil para reembolsar su financiación.

Si nuestra deuda a largo plazo equivale a los fondos generados, medidos en términos de beneficios más amortizaciones, de cinco años, y el plazo contratado de la deuda a largo es de tres años, es indudable de que las entidades no nos seguirán financiado inversiones y tendremos dificultades para hacer frente a las ya existentes, por lo que debemos tener siempre presente a cuantos años de Cash-Flow equivale nuestra deuda actual.

Debemos asociar el reembolso de la financiación de la inversión a la vida útil de los activos o del proyecto en su conjunto. Si en algún momento hemos financiado las inversiones con créditos a corto plazo deberíamos corregir este hecho financiado el resto de la vida útil del bien con un préstamo a largo plazo, de este modo restituiríamos el equilibrio financiero del balance consiguiendo la financiación de los activos fijos con recursos permanentes, es decir recursos propios y créditos a largo.

Las inversiones son aconsejables y se deben aprobar, si el valor es mayor que el coste y para determinar el valor, debemos descontar los flujos de fondos futuros para actualizar su valor a hoy, utilizando la tasa que nos parezca atractiva y por debajo de la cual no haríamos la inversión. El VAN es el valor de los ingresos menos los gastos de una inversión descontados a una tasa determinada para actualizar su valor a hoy ya que se entiende estos se producen a lo largo de mucho tiempo, y lo que es muy importante, en momentos distintos.

La TIR es la tasa que iguala a la suma de los ingresos actualizados, con la suma de los pagos actualizados, es decir que equivale a la inversión inicial invertida a la Tasa Interna de Rentabilidad. También se puede decir que es la tasa de interés que hace que el VAN del proyecto sea igual a cero. Esta tasa es un criterio de rentabilidad y no de valoración de un flujo de fondos neto como lo es el VAN. Ayuda a medir en términos relativos la rentabilidad de una inversión. Es una tasa propia del proyecto, del flujo de sus fondos, esto significa que no la fija el inversor como en el Valor Actual Neto, sino que está implícito en el flujo de fondos.

La dificultad del análisis de una inversión normalmente estriba en la determinación de estos flujos, sin la cual no podemos utilizar el método del flujo de fondos descontados o DCF (Discounted Cash-Flow). En muchas inversiones financieras los flujos de fondos son conocidos, pero lo normal es que los tengamos que estimar y de la calidad de esa estimación depende la calidad de la valoración de la inversión y de nuestras decisiones.

Es frecuente que en la empresa se pregunte ¿tenemos dinero para esta inversión? y la respuesta técnicamente debe ser: Si después de la inversión mantenemos el nivel de endeudamiento sin aumentar esa proporción, entonces tenemos dinero para invertir, otra cosa es su rentabilidad y por lo tanto si es aconsejable o no.

El análisis de las inversiones es un proceso riguroso que pretende determinar el valor de una inversión y su coste, si los flujos de fondos generados en una inversión valen más de los que cuestan, descontados a una tasa considerada atractiva corriendo el riesgo asociado al proyecto. Es evidente que una inversión con una TIR inferior a la deuda pública, considerada a estos efectos sin riesgo, no debe ser tenida en cuenta.

Las matemáticas financieras pretenden armonizar el valor del dinero en el tiempo para hacerlo comparable, supongamos que invertimos en una imposición a plazo fijo 1.000 euros a un año al 6%, dentro de un año tendremos 1.060 euros, luego podemos decir que 1.060 euros dentro de un año valen hoy 1.000 descontados al 6%.

Una empresa o un particular pueden evaluar sus inversiones haciéndolas comparables, bien hallando valores actuales netos a una tasa determinada, bien, hallando lo que se conoce como TIR (Tasa Interna de Rentabilidad). Supongamos que la empresa quiere invertir sus fondos adquiriendo la propiedad de otra. ¿Cuánto estaría dispuesto a pagar? La contestación es que el valor de la empresa es el valor actual de todos los flujos de fondos netos que espera recibir el inversor. A este método se le conoce en términos anglosajones como Discounted Cash-Flow (DCF) Flujo de Fondos Descontados.

El flujo neto de los fondos generados excedentes y susceptibles de ser repartidos sin perjudicar el funcionamiento de la empresa y pueden ser un año positivos, o bien negativos si es que es necesario invertir para que se sigan generando fondos en el futuro, es decir el (FCF) Free Cash-Flow o “Cash-Flow Libre”.

Se entiende que todos los activos empresariales como maquinarias, instalaciones, existencias, etc., están inmersos en un proceso productivo que genera fondos y consume fondos para sustituirlos o incrementar la capacidad. En consonancia lógica con lo anterior, si hay activos no afectos a la actividad, como inmuebles desocupados o participaciones financieras ajenas a la explotación, se determinará su valor de realización; y el valor global de la empresa será la suma de sus activos no afectos a la actividad más el valor actual neto de todos los flujos, sin límite temporal, que se generen por el resto de los activos.

La aplicación del DCF presenta varias dificultades importantes. La primera es la elección de una tasa de descuento apropiada, la segunda es fijar un horizonte temporal a la vida de la empresa, en principio indefinida, y la tercera y consecuencia de ésta, es calcular un valor residual que recoja toda la generación de fondos a partir de un momento determinado. Otro problema importante radica en convertir en moneda de hoy toda la vida de una empresa, que en principio no tiene por qué tener fin. Para ello es necesario disponer de aquella información que facilite determinar los flujos netos futuros, lo que en muchos casos no es fácil de determinar con precisión, lo ideal sería confeccionar balances y cuentas de resultados previsionales para determinar el Cash-Flow Libre de modo comprensible y verificable. Parece evidente que a medida que nos alejemos en el tiempo del momento cero de la valoración, será más difícil hacer previsiones realistas, quizás un escenario temporal adecuado y realista puede ser hacer previsiones hasta 5 años, y en el último incluir un valor, llamado normalmente residual, que recoja lo más acertadamente posible todo el futuro que queda, la determinación del valor residual también supone cierta dificultad.

En casos extremos, y por falta de información, sólo se podrá trabajar con un único resultado. Siempre que las circunstancias lo permitan, y haciendo los ajustes convenientes, podremos considerar un resultado medio común a todos los años y distribuible sin perjudicar al funcionamiento de la empresa. En este caso extremo el DCF se reduce a la capitalización de una renta perpetua. Esta simplificación es llamada por algunos autores como el método del valor de rentabilidad.

Además de estas dificultades, es necesario hacer algunas puntualizaciones sobre el correcto entendimiento y uso del DCF. La más obvia es preguntarnos qué queremos valorar y para quién, y determinar nuestro perímetro de actuación. Resulta claro que no todos los recursos generados en una compañía se pueden repartir, al menos en un año determinado, como es el caso de la tesorería retenida en concepto de amortización. Por eso en determinadas situaciones, conviene hacer otro enfoque. En otros casos de valoración, podemos encontrarnos con que es más conveniente separar las distintas unidades de negocio que pueda tener una empresa diversificada, y a cada una por separado aplicarle el DCF, esta opción de separar las actividades también se puede extender al patrimonio, que aunque esté ligado a la explotación, puede desvirtuar el resultado del DCF, desde luego no es lo mismo que se desarrolle la actividad utilizando locales propios que arrendados.

En la esencia del DCF los activos productivos se suponen insertos en un proceso productivo que los consume y convierte en dinero a través de la amortización a lo largo de su vida útil y necesita reemplazarlos por otros para seguir su actividad. Los terrenos e inmuebles, por sus especiales características, no sólo no se “consumen”, sino que normalmente incrementan su valor a lo largo del tiempo. Por lo tanto para evitar una distorsión en el método de valoración, se puede hacer la abstracción de liquidarlos a su valor de realización de hoy y utilizarlos como si estuvieran arrendados a un precio de mercado, valoraremos a precio de hoy los locales propios e incrementaremos los gastos de explotación en los alquileres que pagaríamos por ellos.

La valoración global tendrá dos partes; el valor de realización de los locales propios y el valor del negocio obtenido aplicando el DCF, por último, no conviene olvidar que aunque el DCF se considere el método correcto, la valoración que se obtiene se realiza en base a hipótesis sobre resultados futuros y a una tasa de descuento cuya elección comporta cierto grado de subjetividad, por lo tanto, lo más adecuado es manejar distintas hipótesis, de tal manera que lleguemos a determinar un rango de valoración.


Miguel Baldwin

mbaldwin@forodeempresa.com

www.forodeempresa.com



La situación del sistema financiero

Hace un tres de años era habitual que los bancos vinieran a verte para ofrecer un crédito que no habías pedido, ahora es más probable que aparezcan a vender bonos para una futura ampliación de capital. Hoy se puede decir sin miedo a exagerar que la banca española ha concedido préstamos a clientes sin garantías suficientes, sin capacidad de reembolso, con tasaciones infladas y por importes excesivos, a más largo plazo del razonable y con un tipo de interés muy bajo, forzados por la competencia y liquidez, a veces por debajo de la inflación, el tipo de interés debería estar compuesto por inflación, riesgo y retribución del capital.

Los bancos han financiado estos créditos concedidos a muy largo plazo, a su vez, con créditos a medio plazo, obtenidos en su mayoría fuera de España, que tendrán que ser renovados mayoritariamente a lo largo de los próximos tres años. Son muchos los errores cometidos por los bancos y las cajas que ahora van a pagar. En el caso de los créditos concedidos a los promotores el asunto es incluso más delicado y preocupante ya que se ha concedido créditos sobre tasaciones de suelo que ahora no se sostienen, debido a la caída de ventas y precios y a que las promotoras han paralizado la ejecución de sus proyectos y no podrán reembolsar los 300.000 millones de euros en créditos recibidos.

Se dijo que la crisis de la subprime no llegaría a España, se dijo que España es el país con el “sistema financiero más sólido del mundo” en plena turbulencia financiera internacional, tras observar las quiebras y rescates públicos de entidades que se sucedían en las principales potencias del mundo, una declaración que, apenas unos meses después, choca frontalmente con el duro diagnóstico que la patronal de las cajas de ahorros (CECA), cuyo presidente reclama abiertamente la inyección de capital público para salvar entidades con grandes dificultades y de dudosa continuidad que se terminarán convirtiendo en bancos como ya han anunciado Caja Madrid y La Caixa, aunque es sabido que el gobierno español prefiere un plan de rescate sinuoso, cuando lo lógico es participar en el capital social de las entidades financieras, sin perder de vista que se podrían volver a privatizar en el futuro sin que el contribuyente español asuma estas descomunales pérdidas, evidentemente esto no es lo que más les agrada a los directivos y accionistas. El sistema financiero es muy técnico y complejo, requiere una alta dosis de confianza que hasta ahora nos daban los organismos reguladores que supervisaban a las entidades de depósito, pero no todo el sistema, gran parte, como los bancos de inversión que casi han desaparecido, estaban fuera de estos mecanismos de supervisión.

Un principio básico que nos comentan constantemente los bancos, es que debemos casar bien la vida útil del bien, es decir el período de generación de fondos, con el plazo de rembolso del instrumento que lo financia, pues bien, ellos no lo han hecho así y los vencimientos a los que la banca española tiene que hacer frente, están pactados a muy corto plazo en relación con los ingresos que generan a su vez los créditos hipotecarios concedidos por ellos.

Salvo en determinados sectores como el inmobiliario, la banca ha considerado tradicionalmente que una empresa, con un 30% de recursos propios o menos está muy endeudada, según la central de balances del Banco de España, la Pyme española tiene un 40% de recursos propios y muy pocos saben que las entidades financieras tan sólo tienen entre el 4% y el 6% de recursos propios sobre el activo total, el negocio bancario está basado en el apalancamiento, es decir en el uso del dinero del ahorro y depósitos de los clientes a costes inferiores a la rentabilidad obtenida por los bancos con esos fondos.

El nuevo acuerdo de capitales de Basilea III obliga a que las entidades financieras mantengan un 8% de recursos propios sobre la cartera de créditos a clientes, por lo que si se llegase a una morosidad del 9%, como ya se anuncia, los bancos en general quebrarían, adicionalmente debemos pensar en el cambio que supondría en el Balance de Situación de los bancos que ajustemos el valor de los activos inmobiliarios y financieros. Las garantía otorgadas a los bancos no valen lo que se dijo y las sociedades de tasación han bajado drásticamente la valoración de los inmuebles.

Son muchos los responsables de la situación del sistema financiero hoy, los directivos de entidades como Moody’s, Lehman Brothers, AIG, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Standard & Poors, las especialmente opacas Fannie Mae y Freddie Mac, Alan Greenspan, Bill Clinton, George Bush y una larguísimo etc. nos han llevado a una situación en la que ninguna entidad financiera se fía de lo que tiene en su balance otra, los tipos interbancarios se sitúan muy por encima de los tipos de intervención. Los bancos centrales están inyectando liquidez para cubrir esta necesidad, pero no pueden actuar sobre las entidades que se encuentran fuera del sistema interbancario. Se ha disparado la aversión al riesgo en el sistema financiero, la desconfianza, los diferenciales activo-pasivo y el coste de las coberturas de insolvencias.

Para recuperar la confianza es necesario:

Asumir y aflorar las pérdidas.

Sanear los balances provisionando la morosidad esperada, como prescribe Basilea.

Inyectar liquidez y recuperar el mercado interbancario.

Corregir la valoración inmobiliaria.

Inyectar capital y regular el incremento del nivel de recursos propios de la banca.

Modificar las hipótesis y el modelo sobre el que se basa la percepción de la calidad crediticia y el rigor de las sociedades de rating.

Las subprime afectan a muchas entidades que tienen en su cartera títulos respaldados por subprime y las que no, se ven afectadas por la falta de liquidez, en España las subprime suponen tan sólo el 3% mientras que en EEUU el 15%, en España se tituliza el 13% de los préstamos hipotecarios, mientras que en EEUU el 70%; la supervisión bancaria española sobre las entidades de depósito es más estricta y por ello ha limitado la dimensión del mercado subprime español, aunque se pueda dudar de las valoraciones realizadas por las sociedades de tasación. El riesgo del sistema financiero español está centrado en el nivel de endeudamiento en general y al desempleo que se está generando y en particular en el crédito concedido a la promoción inmobiliaria residencial, en especial a la financiación del suelo, los precios de la vivienda seguirán cayendo y la venta, a pesar de todo, se mantendrá muy baja hasta que el precio toque suelo, ahora el cliente verá no sólo la cuota mensual que va a pagar, sino el valor real de lo que compra, lo que obliga a las promotoras a gestionar sus costes de manera eficiente y gestionar con imaginación y creatividad, de hecho muchas promotoras están abordando nuevos mercados al reconvertir edificios de viviendas en oficinas, hoteles, residencias , la multipropiedad, o el alquiler.

Las economías más apalancadas; Japón, EEUU, El Reino Unido y España son las que se verán más afectadas y afrontarán mayores dificultades en la renovación de sus créditos, adicionalmente el rescate de la banca les ocasionará un enorme déficit. La primera consecuencia inmediata que genera la falta de liquidez, es la ralentización de la economía.

Las empresas deben considerar que vamos a pasar una larga temporada con los bancos en dificultades y sin liquidez, intentando gestionar los inmuebles que se les acumulan, por lo que deben mejorar la gestión de sus finanzas, limitar los dividendos y las inversiones, ajustar sus costes fijos al nivel de actividad para evitar pérdidas para esperar que pase el temporal.

Miguel Baldwin
www.forodeempresa.com
mbaldwin@forodeempresa.com

La tesorería

GESTIONAR LA TESORERÍA, HOY UN ASPECTO CLAVE.

Tanto la falta de crédito como la caída de ventas y el incremento de la morosidad perjudican la tesorería de las empresas, en un momento de falta de liquidez, confianza y solvencia del sistema financiero, es muy difícil satisfacer las necesidades de tesorería de una empresa con recursos bancarios, los bancos tienen tan sólo un 4% de recursos propios sobre sus activos totales y ahora se están cuidando de no quebrar, en este momento no tienen dinero para atender sus propios pagos, tenemos que poner en marcha una acción global de gestión del activo del balance y mejora de la gestión de tesorería, para reducir nuestra dependencia de la banca y los gastos financieros, ahora que aunque el interbancario está bajo, los tipos aplicables a las empresas han subido por el notable incremento del diferencial.

La cuenta de pérdidas y ganancias tiene dentro de la empresa mucha gente que trabaja por ella, incluido el director general, pero por la gestión del balance de situación sólo trabaja el financiero, el adecuado nivel de inversiones, dividendos, la correcta elección de los instrumentos financieros, el equilibrio entre recursos propios y ajenos, entre largo y corto plazo y la rentabilidad económica y financiera, hacen de la gestión financiera una actividad que debe combinar mucha técnica y algo de talento, es decir mucha transpiración y algo de inspiración.

Deberíamos hacer una revisión detallada de la composición del saldo de cada partida del Balance para revisar su razonabilidad y conveniencia, replantear la estructura financiera, la relación entre recursos permanentes, es decir recursos propios y créditos a largo plazo y el inmovilizado para evitar un fondo de maniobra negativo, ya que así no se puede dormir. Son muchas las empresas que deben plantearse la obtención de un crédito a largo plazo para reequilibrar su estructura financiera.

Por otro lado es el momento de limitar y revisar nuestra política de dividendos e inversiones, designar las posibles desinversiones y por supuesto mejorar la gestión del circulante, es decir de la rotación de existencias, días de cobro, ya que en muchos casos cobra el que está atento y reclama pronto y de manera insistente; es decir, gestionar nuestro balance, que es la función principal del Director Financiero. Ya que es habitual que la situación de la empresa con los bancos sea de endeudamiento, los saldos en cuenta corriente normalmente no tienen sentido, debemos bloquear las cuentas corrientes y canalizar todos los cobros y pagos a las pólizas de crédito, con esto pagaremos por el dispuesto imprescindible.

Las oportunidades de mejora de la tesorería en estos momentos son muchas, ya que en momentos de bonanza se descuida y pasa a un segundo plano, pero ahora cobra nuevamente una relevancia indudable, las cosas han cambiado de manera alarmante en tan solo un año, pero sigue siendo frecuente que las empresas descuenten antes o más de lo necesario, dispongan de la póliza de crédito para tener ese dinero inútil varios días en la cuenta corriente, la empresa no debe tener saldos deudores y acreedores en tesorería ya que esto es muy caro. Los beneficios que provienen de una correcta y profesional planificación y gestión de la tesorería, son muchos, si conseguimos reducir el activo, vendiendo activos inútiles, o cobramos antes un impagado, tendremos menores necesidades de financiación. Cualquier reducción del activo, como la reducción de las existencias, por ejemplo, se traducirá en una menor necesidad de endeudamiento. Cualquier mejora y reducción de los procesos y ciclos también se traducirá en una reducción de las necesidades de financiación, por ejemplo, si facturamos todos los días en lugar de esperar a hacerlo a fin de mes, ganaremos días, que al final se traducen en un menor saldo de clientes.

Las relaciones y transacciones comerciales en este momento están marcadas por la situación actual de “crisis” y un cliente que hasta ahora nos ha pagado bien puede dejar de hacerlo debido a la falta de crédito, caída de venta o impagados de sus clientes. Adicionalmente debemos tener en cuenta que España es uno de los países de mayor morosidad de la UE y el de mayor morosidad premeditada, adicionalmente España tiene un periodo medio de cobro superior a la media de la UE en 35 días. A menudo se confunde el retraso en los pagos con una buena gestión administrativa.

El tiempo es un factor clave en la recuperación de impagados, en el primer mes se pueden recuperar la mayoría de los impagados, hasta el 80%, el segundo mes este porcentaje disminuye considerablemente. Cuando un cliente tiene problemas financieros decide a quién le va a pagar y prioriza, de ahí que sea tan importante anticiparse y ser muy activo, diligente, rápido y sobretodo perseverante.

Debemos tener en cuenta que en determinados momentos es más probable un impago por parte de un cliente. Suele ocurrir en enero, julio agosto y diciembre en que se debe afrontar el pago de pagas extras e impuestos y disminuyen los ingresos.

Para evitar la morosidad debemos aprender a gestionarlos y organizarlo desde el momento previo a la venta.

Quizás lo primero es implantar un comité de riesgo con un sencillo sistema de autorización de crédito, al menos con la participación de comercial, finanzas y administración de ventas y si existe, debemos analizar la información y periodicidad con la que se reúne.

Debemos tener en cuentas los siguientes puntos:

a) Prevenir: Analizar la solvencia, liquidez, situación sectorial, condiciones de venta, situación documental de la deuda, historial, compromiso, seriedad, etc. Asignar un límite de riesgo a cada cliente de modo que si sobrepasa este riesgo no le podamos vender o deberá pagarnos con otras condiciones, con mayores garantías, por ejemplo: que nos pague la compra anterior, que pague esta compra al contado, con letras avaladas por él personalmente, servirle cuando haya atendido la letra que tenemos en circulación, etc. Si merece crédito el límite estará determinado por las compras anuales del cliente y por el plazo de pago.

b) El tiempo: No debemos esperar a analizar las cuentas de los clientes con la información contable, ya que perderemos al menos un mes, debemos anticiparnos y ver que devoluciones o impagos se han producido con la información de tesorería. Reaccionar rápidamente al día siguiente de que se produzca el impago.

c) Información: Hablemos con el cliente dejémosle contarnos cómo le va, cuanta más información mejor, el comercial y el administrativo de clientes o ventas, suelen ser las personas que mejor conocen a cada uno de los clientes, esta información es vital, muy útil, debemos complementarla a la hora de analizar el crédito con la composición de su saldo y el historial de compras y pagos. Adicionalmente podemos recabar información de los bancos, de las empresas de informes comerciales, incluso con alertas y las de seguros de crédito.

d) Debemos revisar la redacción de nuestras “Condiciones de venta”, el proceso de facturación y cobro, la documentación de soporte del contrato de venta, los medios de pago y las garantías, deben ser redefinidas y estar libre de errores, ya que pueden perjudicar nuestra posición a la hora de hacer una reclamación.

e) La acción comercial debe estar dirigida a clientes con crédito ya que es muy caro, inútil y frustrante vender y que luego no se autorice la venta.

f) Los seguros de crédito tanto en la venta nacional como en la exportación son una opción muy a tener en cuenta aunque en este momento son muy selectivos y tardan en pagar.

g) No debemos dudar en la gestión del cobro cuando se ha producido un impagado en recurrir a empresas de recobro o incluso a la vía judicial.

Como resultado del desconocimiento de nuestros vencimientos reales, descontamos más de lo necesario, estamos pagando por un dinero inútil, el saldo en cuenta corriente nos produce el 0,10, mientras pagamos por él en la póliza de crédito o por el descuento el 6%, esto puede parecer muy obvio, pero son muchas las empresas que descuentan sistemáticamente el 100% del papel que reciben o mantienen saldos en cuenta corriente y descubierto simultáneamente; para descontar en el momento preciso debemos tener un control de la evolución en el tiempo de nuestra posición diaria de tesorería en fecha valor y esto se puede conseguir, pero hace falta formar al responsable, mecanizar la comunicación bancaria y la tesorería, hoy en día el mercado ofrece software asequible económica y técnicamente para las pymes.

Debemos separar la tesorería y contabilidad, para el tesorero no es lo mismo un ingreso antes de las 11 de la mañana que después, ya que tendrá una fecha de valoración distinta, mientras que para un contable eficiente la fracción de tiempo será el mes y si no es eficiente será el año, como para el Plan General Contable.

Paralelamente debemos mejorar nuestra negociación bancaria mejorando la trasparencia, calidad, oportunidad y fiabilidad y de la información que le suministramos a los bancos, debemos cuadrar la CIRBE con nuestro balance, al menos una vez al año, una empresa que no es capaz de entregar un avance del 2008 en febrero de 2009, que no tiene aunque sea un “borrador sujeto a cambios pendiente de auditoría”, no puede decir que tiene una contabilidad eficiente, también se puede interpretar como una señal de opacidad, ambas opciones generan mucha desconfianza.

Nada es más rentable que pagar puntualmente, no siempre es fácil pero es muy rentable, las devoluciones e impagados, son en muchos casos evitables, son muy caros y merman el prestigio de la compañía. No hay ninguna medida en la gestión de recursos humanos más eficaz que pagar la nómina el 28 en lugar del 1. Son pocas las inversiones tan rentables en estos momentos como pagar a los proveedores al contado, ya que un descuento por pronto pago del 2,5% por pasar de 90 a 20 días equivale a una TAE del 12,9%. La mejora de la gestión de la tesorería ofrece muchos beneficios y debe contemplarse como un proyecto en la imprescindible dinámica de mejora continua de la empresa.

Miguel Baldwin
mbaldwin@forodeempresa.com
www.forodeempresa.com